martes 13 de marzo de 2007

La flecha roja

Cuando tenia veinte años tuve una corta incursion en el mundo de la comida rapida y trabaje en un Mcdonalds. El viaje a ese mundo no fue muy satisfactorio pero me proporciono un michelin en la cintura y algo de dinero para cumplir mi objetivo, sacarme el carnet de conducir.

El problema una vez me saque el carnet fue que no tenia coche y mucho menos dinero. Durante la carrera vivia de una escasa 'beca de movilidad' que me concedia el estado por ser muy estudioso, del sueldo semanal que me daban mis padres y de lo poco que podia tangarles a ellos pidiendoles dinero para fotocopias y libretas.

A los veintitres empece a trabajar con contrato de practicas y a eso de los veinticinco ya tenia un sueldo que me permitia ahorrar algo de lo que no me gastaba en viajes. Fue entonces cuando me decidi a comprarme un coche.

Al principio pense en uno nuevo pero ningun banco de los que visite quiso darme un prestamo con mi nomina y sin aval asi que me decidi por un segunda mano dados mis escasos ahorros. En mi busqueda me acompaño mi colega ‘Julio’ y tras mucho mirar me acabe comprando un Seat Ibiza rojo de segunda mano, yo lo queria azul oscuro pero era seiscientos euros mas caro y no podia permitirmelo.

La compra fue casi un timo, el tipo me lo vendio a precio elevado, unos cinco mil setecientos, euros, pero era el unico pirata que me permitia pagar una parte en efectivo y los restantes tres mil con la visa oro que me habia concedido una conocida que trabajaba en la Caixa. Al final el coche me salio mas caro con los plazos de la visa pero al menos ya lo tenia.

El coche era diesel pero eso no me impidio calarlo dos veces saliendo del concesionario. El vendedor tenia cara de asustado y yo me veia tan verde que mi hermano lo tuvo que llevar desde Manises a la Puebla y alli tuve que practicar un rato para luego volver a llevarlo el a Valencia.

Yo me sentia orgulloso de mi coche tras la odisea vivida para conseguirlo. Lo bautizamos la flecha roja, y, poco a poco, me fui soltando en el manejo, al igual que mi hermano que lo cogia bastante mas que yo. Poco a poco fui adquiriendo destreza con el porque lo necesitaba para ir a la Puebla, para ir a Aikido,…, pero cada vez me daba mas pereza usarlo porque preferia beber los findes, me parecia un rollo lo de aparcar… en cambio mi hermano cada vez se sentia mas agusto con el, de forma que casi siempre se lo llevaba el y, hasta tal punto que cuando yo lo queria tenia que discutir a muerte con el y causar mal rollo porque el se sentia el dueño.

Hubo un momento en el que estaba tan cansado de discutir y me daba tanta pereza conducir que decidi pasar del coche y no usarlo, mi hermano se lo apropio del todo y de mi solo quedo en el coche una gorra descolorida que coloque el dia que lo compre.

Mi destreza se fue perdiendo al igual que el dinero que inverti en la compra, intereses, revisiones y seguros… hay quien me calificaria de generoso por renunciar a mi coche, yo sigo pensando a dia de hoy que soy gilipollas…. Y si, tambien se que tu lo piensas…