martes 19 de febrero de 2008

Carnaval, Carnaval (I de II)

Venezia esta formada por más de 120 islas. El nucleo principal de la ciudad, y el más turístico, une la mayoría de estas islas con más de 400 puentes. Alrededor del núcleo existen otras islas menos turísticas como Lido que es donde nos alojamos L y yo.

La verdad que yo no lo tenía muy claro, Lido se presentaba como una buena opción económica para poder ir a Venecia en epoca de carnaval pero la idea de no estar en la isla donde estaba el jaleo me producía bastante inseguridad. Nada más lejos de la realidad, la isla estaba a solo tres paradas de Vaporetto de la plaza de San Marcos que se recorrían en menos de 15 minutos. Una vez allí el servicio de autobuses de la isla te transportaba en poco tiempo a tú destino.

Todo el timming de llegada al hostel habría sido perfecto sino nos hubieramos bajado unas cuantas paradas antes del autobus lo que nos obligó a caminar 15 minutos compartiendo un bocadillo de pamplones y mientras yo revivia aventuras de viajes mochileros pasados y taladraba a L con mi emocion.

Feliz por llegar a nuestro Bed & Breakfast saludamos al dueño, Marco, un gurú de la cultura veneciana cercano a los cuarenta con mucho mundo y muy buen karma que nos dió un mapa y una masterclass sobre travel cards, puntos a visitar y modo de transporte de día y de noche.

Tras esto salimos más alegres a conocer la ciudad y, tras colarnos en el bus que nos llevaba al embarcadero llegó el primer hito de la jornada - comprar dos travel card de 24 horas o colarse en los transportes con el bono para una hora que habíamos comprado dos horas antes -. Yo, que ya estaba curtido de mis dos experiencias en Venecia opiné que lo mejor era colarse con el bono caducado. L, con mucho menos rodaje en el mundo delictivo intentó aceptar mi propuesta pero tras subirnos al primer vaporetto y ver los nervios y la cara de culpabilidad que asumía tuvimos que bajarnos y pasar a la fase "amoche". 33 euros menos L estaba mucho más tranquila por ser honrada y yo muy indignado por haber faltado a las leyes de la "hermandad del puño cerrado".

La visita empezó al revés, casi a la altura de la isla del Campo Santo, dado que cogimos el vaporetto que iba al sentido contrario a San Marcos pero no nos importó. El frio era importante y el chispeo continuo no ayudaba a entrar en calor.La verdad que nunca había visto la isla tan llena en mis anteriores visitas, era como estar en fallas pero en medio de canales y, en lugar de falleras teníamos personas disfrazadas de Casanovas y de ilustrados. Algunos disfraces estaban muy trabajados, y la mayoría de los turistas que no tenían disfraz iban por la calle con mascaras baratas o caras pintadas.



Casi sin darnos cuenta llegamos a la hora de comer y nos decantamos por hacerlo en una terraza con estufa y vistas al puente de Rialto donde comimos de maravilla y observamos como uno de los camareros furritis asaltaba a todo caminante para que comiera y trataba de besar a cualquier mujer que se ponía a tiro.

Un paseo hasta San Marcos nos ayudó a bajar un poco la comida y a congelarnos más. La plaza tenía una carpa gigante que estaba situada en medio donde estaba tocando un grupo de música de percusión. Por suerte no estaba inundada de agua, pero sí de turistas que hacían agobiante el intentar cruzar de un lado a otro así que tras una breve (que no rápida) vuelta fuimos a contemplar el puente de los suspiros y luego cogimos el vaporetto 1 que sube el canal por medio de la isla para que L (y un poco yo) durmiera(mos) la siesta.



Media hora después bajamos a la altura de la estación de tren que une Venecia con tierra firme y caminamos de vuelta a San Marcos durante más de dos horas por las bonitas y oscuras calles siguiendo al tumulto y perdiendonos de vez en cuando por callejones que podrían haber sido escenario de alguna pelicula de terror. Sobre las ocho de la tarde y con la impresión de haber pasado tres días caminando entre el frio y la humedad nos volvimos al Lido donde poco después ya estabámos durmiendo entre escalofríos.