En navidades estuve en NY con L. Un sueño cumplido, un sitio maravilloso, en una de las mejores épocas, y lo mejor, totalmente gratis porque era un regalo de la hermana de L.
Como dijé, era gratis, hasta que L y yo nos despertamos a 45 minutos de la salida del avión el sábado 27 de diciembre. La noche anterior había convencido a L para salir a cenar con los amigotes en lugar de quedarnos en casa y prepararlo todo con calma. A raíz de esto habíamos llegado con prisas por acostarnos y poder dormir unas horas dado que el vuelo salía muy pronto y olvidé activar en mi móvil la opción "activar en fines de semana" (maldita BlackBerry).
Esa mañana fue infernal, cuando abrí un ojo y me di cuenta que faltaban 45 minutos para volar desperté a L y empezó una carrera contra-reloj, llamando a tele-taxi mientras con la otra mano apuntaba hacía la taza del WC, vistiendonos mientras cerrabamos las maletas, ... y yendo al aeropuerto con el taxista más huevon del mundo (sr. Caracol).
Llegamos cuando hacía cinco minutos que había comenzado el embarque, y aunque lo intentamos por varios medios no nos dejaron embarcar. Tampoco tuvimos suerte en encontrar una conexión a París, así que volvimos a casa con un nudo en el estomago a las 8 de la mañana.
La única opción pasaba por comprar otro billete así que tras esperar las dos horas más largas del mundo bajamos a la agencia del Corte Inglés donde teníamos contratado el viaje. Allí, tras saber que al perder la ida también nos cancelaban la vuelta, y plantearnos si llorar o no, nos pasamos dos horas mirando opciones con una amable chica que, tras vaciar nuestra cartera, nos consiguió billetes de ida y vuelta que pasaban por estar una noche en Madrid...
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