...El avión era todo lo que un americano puede desear. Tenía una tele delante de cada asiento y un mando con el que se podían ver películas, jugar a videojuegos, escuchar música e incluso mandar e-mails. Solo faltaba que hiciera palomitas y diera conversación.
Ocho horas y tres peliculas después estábamos en Nueva York. Teníamos un transfer al hotel contratado así que solo restaba estar seguros que nuestras maletas habían llegado tras el cambio de avión.
Hubo que caminar un buen trecho desde el avión hasta donde estaba el control de salida, y en cierta manera, me recordó a los aeropuertos ingleses. Llegamos a una cola para "No Americanos" que era interminable y se movía relativamente rápida. Tras un buen rato nos recibió una señora policía obesa que estaba en su garita y, sin decir nada, nos tomó todas las huellas (de manera digital), buscó nuestros datos en la base de datos de criminales y chequeó los papeles que habíamos rellenado en el avión para poder entrar al país. En mi papel hizo una raya de un lado al otro en color amarillo, en el de L no hizo nada.
Tras acabar este proceso salió de la garita y me dijo "Follow Me please". L me miró extrañada y yo empecé a cagarme en los pantalones pensando que no me iban a dejar entrar al país. Seguimos a la agente que era tan agria como morder un limón y nos pasó a una sala donde nos mandó sentar.
La sala estaba llena de filas de asientos que miraban hacía una mesa larga que estaba en un podium con cuatro ordenadores y varios policías. Dejó mi expediente en una cubeta y se marchó. Había más gente sentada en las sillas, de todas nacionalidades, sexos y edades. Detrás del podium había una entrada a otra sala de donde salía de vez en cuando algún policía con guantes de latex, esa visión nos empezaba a preocupar a mi y a mi ojete.
Durante la hora que estuvimos ahí pudimos apreciar como los policías realizaban abusos de poder , bromeando entre ellos sobre la gente a la que estaban cuestionando y vacilando a las pobres personas que querían entrar al país. Practicamente desde que entramos el policía que tenía delante estaba ensañándose con una pobre chica italiana de no más de 25 años a la que no quería dejar entrar al país para dos semanas. Yo tuve mucha suerte, cuando me tocó el mio. Me llamó, no me dijo nada en todo el tiempo que estuvo tecleando y mirando el ordenador y, finalmente me devolvió el pasaporte, los papeles y nos dejó marchar. La chica italiana seguía enseñando documentos cuando me fui.
Al salir a las cintas nuestras maletas estaban ya retiradas en un lado porque seguramente habían descargado tres o cuatro vuelos más (al menos habían llegado). A la salida del aeropuerto había un argentino esperándonos que nos llevó al hotel por atajos de Queens mientras nos hablaba sobre la ciudad.
Después de nuestra odisea de dos días yo ya estaba hasta los huevos de Nueva York, pero tras dejar las maletas en el hotel y pasear tranquilamente hasta Times Square entendí lo afortunado que era por estar ahí y me fui relajando poco a poco para poder disfrutar el resto de los días que nos quedaban...
2 Comentarios:
Vaya: tu terror oculto desde niño...el sonido de un guante de látex a tu espalda^^
Menos mal que no se dió el caso
Wow! T'has tornat a posar les piles!
I tranqui, que no vaig marxar de Madrid sense anar a menjar bravas ;)
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