Cuando yo era un berjuso pensaba que trabajar era una cosa fácil, mejor dicho no sabía lo que significaba trabajar. Siempre imaginé que yo tendría un buen trabajo con el que ganaría buen dinero y siempre iría con traje, muy estiloso y distinguido. Obviamente no me planteaba las tareas que desarrollaría ni en que trabajaría, simplemente trabajaría.
A los 23 acabando la carrera de informática y harto de estudiar estaba ansioso por empezar a ganarme el pan. Mi camino pasaba por convertirme en un gran programador para evolucionar a un rol de “jefe”. Entré en una empresa de publicidad en la calle del Mar en Valencia trabajando principalmente con bases de datos. Poco a poco mi trabajo fue evolucionando e involucrándome más en el área de marketing. Mis esquemas se iban desmontando por días, ya no quería ser programador quería dedicarme al marketing, y quería seguir siendo “jefe”.
Me pasé cuatro años en esta empresa, era “director de informática” de un departamento que solo tenía dos empleados, me encargaba del control interno de los proyectos y planes de publicidad de los clientes y aprendía todo lo que podía en marketing. Cuando estaba aburrido de este trabajo me despedí y cumplí uno de mis sueños, irme a buscarme las castañas al extranjero.
Llegué a Londres y tras pasar una época de vida fácil y ante la necesidad de pagarme el sustento me conseguí mi primer trabajo allí. Yo buscaba una posición en marketing y eso es lo que me dieron, pero como encargado de las bases de datos y de análisis de datos. Durante un año trabajé en esto, aprendí mucho en segmentación de clientes y estrategias de marketing y, ante las carencias del director de marketing, empecé a inventar, apoyar y organizar las tareas del departamento. Cuando llegué al punto en el que desarrollaba prácticamente una figura de director de marketing cobrando lo mismo que cobraba decidí irme.
Encontrar otro trabajo fue rápido, como tenía ganas de salir busqué lo que menos problemas me daría, programador de bases de datos. Entré en una empresa buenísima en la que, en otras circunstancias, podría haber sido la empresa de mi vida. La carga de trabajo era baja, la presión minima, el sueldo alto, el horario de funcionario y la política de recursos humanos la mejor que nunca vi. El único problema era que yo no quería ser informático. Estuve nueve meses aquí, y mientras tanto seguí en contacto con mi primera empresa. A los nueve meses me ofrecieron volver a la primera empresa como marketing manager con unas condiciones excelentes y no lo dudé.
Volví, estuve casi un año más, aprendí mucho, entendí las bases de una empresa, gané suficiente dinero y tuve a cinco personas a mi cargo. Pero sentí que era el momento de volver a casa.
Al llegar a España venía crecido y pensando que me comería el mundo, pena que en Valencia no habían demasiadas empresas de las características que buscaba yo. Esta vez ya no fue tan difícil conseguir un sitio en el departamento de marketing. Aquí llevo algo más de año y medio. Trabajo mucho, con mucha presión todo el tiempo, gano poco para la responsabilidad que tengo y el número de horas que hago y, aunque sigo sin entender muy bien esto del trabajo me gusta lo que hago.
Esto es muy diferente a lo que yo pensaba a los 10 años…
A los 23 acabando la carrera de informática y harto de estudiar estaba ansioso por empezar a ganarme el pan. Mi camino pasaba por convertirme en un gran programador para evolucionar a un rol de “jefe”. Entré en una empresa de publicidad en la calle del Mar en Valencia trabajando principalmente con bases de datos. Poco a poco mi trabajo fue evolucionando e involucrándome más en el área de marketing. Mis esquemas se iban desmontando por días, ya no quería ser programador quería dedicarme al marketing, y quería seguir siendo “jefe”.
Me pasé cuatro años en esta empresa, era “director de informática” de un departamento que solo tenía dos empleados, me encargaba del control interno de los proyectos y planes de publicidad de los clientes y aprendía todo lo que podía en marketing. Cuando estaba aburrido de este trabajo me despedí y cumplí uno de mis sueños, irme a buscarme las castañas al extranjero.
Llegué a Londres y tras pasar una época de vida fácil y ante la necesidad de pagarme el sustento me conseguí mi primer trabajo allí. Yo buscaba una posición en marketing y eso es lo que me dieron, pero como encargado de las bases de datos y de análisis de datos. Durante un año trabajé en esto, aprendí mucho en segmentación de clientes y estrategias de marketing y, ante las carencias del director de marketing, empecé a inventar, apoyar y organizar las tareas del departamento. Cuando llegué al punto en el que desarrollaba prácticamente una figura de director de marketing cobrando lo mismo que cobraba decidí irme.
Encontrar otro trabajo fue rápido, como tenía ganas de salir busqué lo que menos problemas me daría, programador de bases de datos. Entré en una empresa buenísima en la que, en otras circunstancias, podría haber sido la empresa de mi vida. La carga de trabajo era baja, la presión minima, el sueldo alto, el horario de funcionario y la política de recursos humanos la mejor que nunca vi. El único problema era que yo no quería ser informático. Estuve nueve meses aquí, y mientras tanto seguí en contacto con mi primera empresa. A los nueve meses me ofrecieron volver a la primera empresa como marketing manager con unas condiciones excelentes y no lo dudé.
Volví, estuve casi un año más, aprendí mucho, entendí las bases de una empresa, gané suficiente dinero y tuve a cinco personas a mi cargo. Pero sentí que era el momento de volver a casa.
Al llegar a España venía crecido y pensando que me comería el mundo, pena que en Valencia no habían demasiadas empresas de las características que buscaba yo. Esta vez ya no fue tan difícil conseguir un sitio en el departamento de marketing. Aquí llevo algo más de año y medio. Trabajo mucho, con mucha presión todo el tiempo, gano poco para la responsabilidad que tengo y el número de horas que hago y, aunque sigo sin entender muy bien esto del trabajo me gusta lo que hago.
Esto es muy diferente a lo que yo pensaba a los 10 años…
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