Eso, mezclado con que teníamos mucho tiempo libre en la Ciudad Santa nos dio más libertad para recorrerla a nuestro libre albedrío. Así pues, en la tarde anterior a nuestra partida cogimos un tuk-tuk y nos fuimos directos a los Ghats del río Ganges.
Los Ghats son las escaleras que dan acceso directo al río, donde al amanecer los peregrinos van a purificar sus pecados dándose un baño en sus aguas milagrosas. Ese río además de sagrado está muy contaminado a causa de los restos de cremaciones, los fallecidos que son echados directamente al río y toda la basura que cae en él.
Todo en la India es caos y en Varanasi se incrementa a causa de la superpoblación y el turismo existentes con lo que llegar hasta los mismos Ghats en tuk-tuk era una utopía. Así pues el conductor nos dejó al comienzo de los tres mercados que nos separaban del río. Cruzamos primero por el mercado musulmán fácilmente distinguible porque todas las mujeres van con su burkha solo descubierto en la parte de los ojos y llegamos al mercado indio.
Atravesando este mercado un autóctono de unos veintipocos se puso a mi lado y empezó a hablarme. Durante cinco minutos estuvo intentando sacarme alguna respuesta mientras yo me dedicaba a hacer fotos esquivando todo lo que se cruzaba en mi camino pero poco a poco fue ganando mi atención al descubrirse como un excelente guía amateur que daba perfectas descripciones y explicaciones de todo lo que tenía delante.
En el mercado turista (sin detalles del porque de este nombre) ya llevábamos una conversación fluida donde cada uno intercalaba sus curiosidades entre las explicaciones turísticas. L y A, que al principio no lo tenían claro, también interactuaban con nuestro nuevo amigo.
Y por fin llegamos a la orilla del Ganges. Era nuestra tercera visita a este lugar y el Ghat principal seguía saturado de barqueros a la caza de clientes, trapicheadores, brahmanes, mendigos y turistas como nosotros.
Nuestro amigo nos recomendó ir hacía los crematorios donde se incinera a todos los que mueren a excepción de brahmanes, leprosos, mujeres embarazadas, niños menores de 10 años y aquellos que han sido mordidos por una serpiente. Fuimos pues caminando desde el Ghat principal hasta allí mientras nuestro nuevo guía nos iba contando para que era cada uno de los Ghats.
Los crematorios están compuestos de unos edificios que dan al río y que albergan el fuego sagrado que nunca se ha apagado, la comisaría de policía para dar parte del muerto, las oficinas del dueño del crematorio (un señor de la casta más baja que se ha hecho muy rico con este negocio), unas casas para acoger a gente sin hogar que espera su hora mientras reza y alguna cosa más que desconozco. Entre los edificios y el río hay dos alturas que tienen diferentes piras funerarias que están ardiendo con los cuerpos de los fallecidos mientras los familiares hombres esperan a que se consuman sin demostrar ningún duelo. No está permitido llorar pues entonces el alma no alcanzaría el Nirvana, y por esa razón no se permiten mujeres ya que se les considera más débiles.
La sorpresa vino cuando al llegar delante de este espectáculo nuestro amigo siguió caminando pidiendo que le siguiéramos. Atravesamos las pilas pasando junto a las familias y subimos unas escaleras de uno de los edificios hasta una primera planta de un edificio de cemento que no tenía paredes. Allí había un señor de más de cincuenta, con tez oscura, bigote, gafas y un pañuelo en el cuello que usaba continuamente para secarse el sudor de la frente. Este caballero resultó ser el encargado de los crematorios.
Ni que decir que éramos los únicos occidentales que estaban en los crematorios, el resto de turistas estaba alrededor mirando de lejos este espectáculo. Tras presentarnos él nos contó como funcionaba el proceso mientras nosotros lo veíamos desde la altura – cuando una persona muere la familia lo envuelve en una tela vistosa y lo llevan para ser quemado. Al llegar al río la familia le da un último baño y se le deja secar durante una hora. Tras eso se le coloca sobre una cama de leña y se le cubre con más leña por arriba. Los hijos varones irán con ropas blancas y con la cabeza afeitada. Será el mayor de estos hijos el encargado de encender la hoguera, para ello cogerá una brasa del fuego sagrado y tras dar cinco vueltas alrededor de la pira encenderá la hoguera. El cuerpo arderá entonces durante tres horas. Pasado este tiempo se consumirán los 50 kg de leña de sándalo y quedarán las cenizas. En el caso de los hombres la caja torácica no habrá ardido del todo y en el caso de las mujeres la cadera quedara sin consumirse. El hijo llenará una pequeña vasija con agua del Ganges y la romperá sobre las cenizas. Tras esto se tirarán los restos al río y el alma habrá alcanzado el Nirvana.
Cuando llevaba tres minutos de explicación L y A ya tenían los ojos cristalinos pero al nombrar que las mujeres no podían estar presentes porque podían llorar tuvieron que cambiar su gesto rápidamente. Al acabar la explicación sobre la ceremonia nos comentó que todo el mundo se puede quemar gracias a la ayuda de la gente, y, nosotros entendimos que debíamos donar algo. No nos importó pues esa experiencia había valido un viaje a la India.
La visita acabó bajando a pie de piras y viendo como se consumían los cuerpos junto a las familias que parecía no importarles que estuviéramos observando.
De ahí caminamos de regreso hacía el Ghat principal….
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