Ya es oficial, el siguiente destino está elegido y si todo va bien, este verano estaremos en la India junto con otros 1.500 millones de personas.Siempre he tenido curiosidad por ese país, no fanatismo por visitarlo como le pasa a mucha gente, pero siempre me ha parecido llamativo cuando la he visto en fotos o películas. L, que sí tenía muchas ganas por verla, se está empapando desde hace tiempo de todos los libros y novelas que caen en sus manos sobre la India lo que hará que tenga a una gurú a mi lado todo el viaje.
El viaje pinta bien, norte de la India, cinco personas y un coche privado con conductor para recorrer esas carreteras frecuentadas por motos, coches, autobuses, vacas, carros, bicis y que se yo. Llegaremos a New Delhi y volveremos desde Baranasi doce días después tras purificarnos en las aguas sagradas del Ganges, aunque lo que más espero es la subida al fuerte Amber al amanecer subido a los lomos de un elefante. Como bonus al viaje pasaremos un día entero en Londres antes de partir y otro al regresar… la verdad estas cosas me compensan el dolor laboral.
Tengo ganas de estar allí, de oler todo el día a especias, de ver vacas en medio de una tienda de alimentos, de regatear en los mercados, de que L me explique el tema de las Castas, de comer cosas raras que pican, de subir a un tuk-tuk, de emborracharme con cerveza Cobra, de hacer fotografías diferentes y de ver a algún autóctono subido al techo de un tren.
Lo que siempre he escuchado es que la India te impacta, que tienes que estar preparado, que es una cura de humildad,… pienso en estas frases a menudo pero la verdad no se si me impactará tanto como ver por primera vez a una multitud de pobres niños camboyanos descalzos por la jungla y vendiendo pulseras con dos años de edad, supongo que el impacto mental estará acolchado tras mi anterior viaje asiático.